No hay nada como el aroma de unos croissants recién horneados para empezar el día con energía. Crujientes por fuera, suaves y esponjosos por dentro, esta receta francesa clásica es ideal para sorprender en el desayuno o la merienda.
Con ingredientes sencillos y un poco de paciencia, lograrás un resultado digno de panadería.
Ingredientes (12 croissants)
- 30 g de levadura fresca
- 15 g de azúcar glas
- 150 ml (1 ½ dl) de leche tibia
- 450 g de harina de trigo
- 1 pizca de sal
- 180 g de mantequilla (fría, en cubos)
- 2 huevos
Preparación paso a paso
- Activa la levadura
Mezcla la levadura, el azúcar glas y la leche tibia. Deja reposar 10 minutos hasta que espume. - Prepara la masa
En un bol, combina la harina, la sal y 30 g de mantequilla. Añade un huevo batido en el centro y mezcla con las manos. - Une ambas preparaciones
Incorpora la mezcla de levadura a la masa y trabaja hasta obtener una textura uniforme y elástica. - Reposo inicial
Envuelve la masa en papel film y deja reposar 30 minutos en un lugar cálido. - Reposo prolongado
Vuelve a amasar ligeramente, envuelve de nuevo y deja reposar de 6 a 8 horas en refrigeración. - Forma los croissants
Divide la masa en porciones iguales, dales forma de bolas o triángulos enrollados (clásico croissant) y colócalos en una bandeja engrasada. - Pintado y reposo
Bate el huevo restante con una pizca de sal y pinta cada pieza. Deja reposar otros 30 minutos. - Horneado
Lleva al horno precalentado a 180 °C (350 °F) durante 25–30 minutos, hasta que estén dorados.
Recomendación:
- Añade un poco de mantequilla derretida mientras trabajas la masa para suavizarla y darle más elasticidad.
- Si quieres un acabado brillante, pinta nuevamente con huevo batido a la mitad del horneado.
- Acompáñalos con mermelada casera, chocolate caliente o café espresso.

